Todo empezó un Domingo normal en Londres, lluvioso y nublado, como cualquier otro, puede que nevase pronto.
- ¡Amy! - escuché decir desde la cocina, mi madre siempre ha sido bastante bruta a hora de hacer cosas con cariño, como despertar a su hija.
Abrí los ojos lentamente y observé mi habitación, el color lila es taaaan relajante, por eso elegí ese color para la pared, a parte, las caras de los chicos de One Direction también alegran lo suyo.
Dirigí mi vista hacia un ventanal que había en la parte izquierda de mi cuarto, observé como llovía, muy fuerte, para ser precisos. No me apetecía NADA levantarme aquella mañana.
- ¡AMY EVANS! - volví a escuchar.
Pff... ¿qué es lo que no entiende mi madre de la palabra Domingo?
- ¿Qué? - grité destapándome.
- ¡Baja ahora mismo a desayunar!
- Ya voy..
Me estiré en la cama, me froté los ojos y finalmente me levanté. Salí de mi habitación y me dispuse a entrar en el baño cuando una niña paso por delante mía a toda mecha, Wendy, mi hermana pequeña de 11 años, que se encerró en el baño no sin antes decirme:
- ¡Buenos días, dormilona!
- ¡Wendy! ¡Déjame pasar!
- No.
- ¡Abre!
- No.
- ¡Te he dicho que habras!
- Y yo te he dicho que no.
- ¡Deberías de hacerme caso si no quieres que a tu adorado poster de Justin Bieber le salga un bigote! - grité mientras corría a su cuarto.
- ¡¿Qué?! - dijo abriendo la puerta y saliendo corriendo detrás mía.
Corrí poco, para que casi me alcanzara y, en la puerta de su habitación le tiré de la manga haciéndole girar y meterse en su cuarto mientras le cerraba la puerta en la cara.
Corrí de nuevo hacia el baño, entre y cuando iba a cerrar la puerta la vi viniendo y bueno, le di un portazo en la cara, dejándola ahí, con la boca abierta.
Jajajaja, se lo merecía.
Me aseguré de que la puerta estaba cerrada con pestillo y me miré al espejo, tenía legañas y estaba despeinada.
Manos a la obra.
A los 15 minutos, salí ya aseada y, modestia aparte, preciosa. Para mi sorpresa Wendy no estaba en la puerta esperando, vah, preadolescentes.
Bajé las escaleras hasta el salón y ahí estaban mis padres.
- Buenos días, bella durmiente - mi padre estaba tomando un café mientras escuchaba la radio y mi madre se untaba mientras unas tostadas con mantequilla.
- Hola, cielo - me dijo mi madre de espaldas a mi.
- ¡Hola! - dije bostezando - ¿Qué hay de desayuno?
Mi padre hizo un gesto para que me callara y señaló unas tostadas que había encima de la mesa. Cogí una y la unté con mermelada de fresa, mi favorita.
A los minutos bajó Wendy despeinada y con una bata rosa bastante gruesa, y eso que teníamos puesta la calefacción. Es bastante friolera, mientras que yo al contrario, soy muy calurosa.
- ¿Qué tal has dormido, cariño? - preguntó mi madre dulcemente.
- Muy bien, he soñado que estaba con...
¡DING DONG!
El sonido del timbre no le dejó acabar la frase.
- ¡Voy yo! - dije yendo a la puerta, aún con la tostada en la mano.
- ¿Quién es?
- Soy Kristen, tu mejor amiga, ¡abre la puerta rápido que me estoy empapando!
- ¡¡KRISTEN!! - dije abriendo la puerta y encontrándome a mi mejor amiga empapada pero con los brazos abiertos para darme un abrazo que yo le di, por supuesto.
- Tengo que decirte algo fuerte, ¡SUPERMEGAFUERTE! - dijo entusiasmada separándose de mi.
- Vale, pasa y vamos a mi cuarto - ella asintió y pasó.
Kristen subió las escaleras a mi cuarto rápidamente y yo detrás suya, preguntándome que pasaba.
Entramos en mi cuarto, Kristen me miró con los ojos brillantes;
- Soy la ¡MEJOR AMIGA DEL UNIVERSO ENTERO!
- Ya, bueno y, ¿qué pasa?
- Será mejor que te sientes en la cama - dijo aguantándose la risa.
- Vale, lo que tu digas, pero espero que sea IM-PRESIONANTE - dije con una risita.
- ¿Estas lista?
- Si, ¡cuéntamelo ya!
- ¡¡TENGO DOS ENTRADAS PARA EL PRÓXIMO CONCIERTO DE ONE DIRECTION!!
Mi tostada de mermelada calló al suelo y solo pude decir una palabra:
- ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!
Y no se por qué, pero creo que me escucho todo Londres.
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